miércoles, 6 de febrero de 2008

EL PAÍS DEL DOBLE LENGUAJE


Con solemnidad, alguno de los politicastros de la “sapientísima” administración municipal del Coatzacoalcos de hoy en día anunció que se devolverían las efigies de Benito Juárez y Venustiano Carranza a sus lugares originales.

Independientemente de los cuestionamientos que puedan hacerse a esta medida, de afán retrógrado, (podría crearse alguna plaza para estos próceres, en vez de retroceder en cuanto a la fluidez del tráfico urbano), y también independientemente del cuestionamiento sobre el lugar que realmente ocupan en la historia esos prohombres, (total: la historia oficial usa sus figuras para “apuntalar” las ficciones del sistema), la medida hace pensar en lo huecos que son todos esos símbolos ante la realidad mexicana actual.

Lo hueco está en que lo que esos personajes emblemáticos y otros símbolos de la patria, similares, han dejado de significar lo que pudieron denotar en algún tiempo. Por ejemplo, la recientemente celebrada Constitución de 1917, ha sido cambiada en los más medulares de sus artículos, al grado que ya no defiende ni representa las conquistas de una revolución que fue fallida desde sus albores, pero que, al menos, cristalizó en ese texto fundamental.

Los artículos más notorios, no sólo no respetan, sino que se han trocado por los valores inversos. El Artículo 11, que garantiza el libre tránsito, constantemente es violado por innumerables retenes de militares y policías, pretextando alguna ignota campaña de “seguridad”, garantía que también es violada por el régimen castrense en que está derivando el país. El Artículo Tercero, que garantiza la educación pública laica, gratuita y obligatoria, se ha torcido, hoy: desde el jardín de niños más sencillo, hasta la secundaria más afamada, las escuelas cobran estipendios a nombre de la “sociedad de padres de familia” y le niegan el acceso a quienes no cubren esos emolumentos; o sea: ninguna escuela pública es gratuita. Ya no nos preguntamos cuál es el destino de esos recursos, ni enfatizamos la actividad de una gran cantidad de maestros que cobran por el examen en cada curso, o los violadores y estupradores. La realidad actual de las escuelas más parece novela del marqués de Sade que la de un “templo del saber”.

Tampoco el derecho a huelga es respetado cabalmente, porque está mediado por una Secretaría del Trabajo que determina si es legal una huelga, pero que está al servicio de las grandes empresas extranjeras, a las que se les evita que los trabajadores entren en huelga. Es recientemente sonada la obliterada huelga de los mineros en Cananea (vieja mina explotada por extranjeros y que fue uno de los detonadores de esa fallida revolución que citamos, y sigue siendo centro de la explotación de los mineros mexicanos); incluso los “prístinos” magistrados de la Suprema Corte, se han corrompido a favor de los enemigos del trabajador, no dejando ya ninguna salida pacífica ante las inconformidades con que se violenta al pueblo y a las leyes.

Eso mismo sucede con el Artículo 27 de la Constitución ahora, que se prepara el último golpe contra de la única empresa que cumple con aquello de que “el subsuelo y sus riquezas son de la nación”. La minería está en las garras de empresas trasnacionales; las aguas de manantiales y ríos son puestas al servicio de empresas extranjeras, también. El petróleo está siendo puesto, de la manera más cínica, en las fauces de estas fieras predadoras provenientes de lejanas tierras. Y, aunque hay voces que insisten en que eso no tiene razón de ser, encuentran el camino cerrado para exponer sus ideas, siendo los medios de comunicación el principal obstáculo para comunicar esa postura, de la que los que ya actúan como dueños del país no desean que se hable.

Esa Constitución es un símbolo hueco, así como todos los próceres que la conformaron, empezando por Carranza. El respeto al derecho de los pueblos para disponer de sus destinos, es también una fórmula hueca, lo que hace vacío ese culto a Benito Juárez, incluso el culto que le rinden los masones, otrora humanistas defensores de la Patria, pero que, en su ignorancia actual se suman al culto a héroes huecos y a símbolos que ya nada significan. Ninguno de ellos osa levantar la voz, ninguno sabe como hacerlo, pero tampoco callan ante la situación actual, sino que se pierden en palabrerías impotentes de politicastro.

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