Se nota la mano del Secretario de Turismo en Veracruz para buscar que el criterio con que se ve la actividad turística en la entidad se amplíe y puedan promoverse las cuestiones antropológicas, etnográficas e históricas.
Ha sido atinado proponer el programa de “Pueblos Mágicos”, que para promover esas poblaciones aparentemente “pequeñas” que están llenas de tradiciones y que le dan sentido a la identidad veracruzana. En esto cabe reconocer la decisión de Fidel Herrera para incorporar en una misma Secretaría el turismo y la cultura.
La interpretación de la cultura es diferente en la concepción actual, ya no forma parte de las cuestiones “educativas”, para las que hay que formarse mediante algún tipo de estudio y que, por lo tanto, deja fuera a todo el arte popular, a las tradiciones de los pueblos y a ese conjunto de leyendas, aromas, sensaciones sencillas, que refieren a una manera de vivir y de pensar, que se inculca desde la primera infancia.
Ahora la cultura es un atractivo turístico, un “producto” que vender al visitante. Y, aunque este sentido es más rico que el anterior, tiene aristas que son de cuidado, para no caer en el riesgo de “fabricar” productos culturales que sean huecos por carecer de raíces. No es lo mismo ir a una población indígena y apreciar los tejidos allí se manufacturan, fotografiar a las indígenas tejiendo y adquirir los textiles, fortaleciendo así la economía de esas comunidades, que implantar una tejedora en un escenario forzado y ponerla a vender textiles que ni siquiera fueron hechos a mano. La línea divisoria, que es muy obvia, puede ser delicada ante la ambición y el desconocimiento de los diversos empresarios del turismo: operadores, hoteleros, restauranteros, e incluso algunos alcaldes y medios de comunicación.
Es bueno que se ponga de moda otro tipo de turismo distinto de la mera visita a las grandes zonas arqueológicas y a los lugares de playa, que abundan en Veracruz, pero es necesario que para que el proyecto del Secretario cristalice y sea más útil para los fines que requiere el gobierno de Veracruz, que se capacite a los operadores de turismo para que sepan ver la infinita riqueza veracruzana con ojos más serios y respetuosos. Es menester contar con bibliografía adecuada, con más profundidad que la simple guía de sitios y accesos, y con una mentalidad muy cercana a la del texto académico pero sin los vericuetos bibliográficos que requiere la academia, y que sacrifican también la vida de las comunidades indígenas.
El reto es único, convertir la cultura en turismo, sin deformar las tradiciones. Trocar la mentalidad de la avidez del empresario hacia el respeto y beneficio de las comunidades, en la que todos sean ganadores, no es fácil. Sólo un político formado y con valores puede lograrlo.
domingo, 13 de abril de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)