miércoles, 5 de marzo de 2008

Nocivas las Carreteras en la Sierra

Ante el daño que provocan al medio ambiente, tanto natural como social, es preferible que no se construyan carreteras que ingresen en las áreas indígenas de la sierra de los Tuxtlas, en concreto, es mejor dejar comunicado mediante rústicos caminos a las pocas comunidades que se localizan en las faldas de los cerros San Martín y Santa Martha. Son comunidades históricas, con muchos datos que aportar, pero que están mejor protegidas de la depredación de los “inversionistas”, los operadores de “turismo de aventura” y los grandes terratenientes que especulan con las bellezas naturales para convertirlas en sitios exclusivos, cerrando el acceso a los naturales del lugar y a los visitantes realmente interesados, que hacen esfuerzos –los han hecho siempre– para llegar a comunidades como Santanón, Piedra Labrada, Tecuanapa, Perla del Golfo y Arrecifes.

De por sí, los ganaderos han deteriorado las hermosas selvas del área para convertirlas en agostaderos donde se ven a rayo de sol las piezas monolíticas llenas de petroglifos tal vez anteriores a la cultura Olmeca, piezas que –por efecto del sol y la lluvia directa– están deteriorándose como no sucedió en los cerca de 30 siglos anteriores. Ahora, imagínese usted a las piezas “escaladas” por los tenis de algún visitante “new wave” que llegue gracias a las pavimentaciones de los caminos, a la construcción de puentes donde ahora son vados, a la moda desatada por hacer “turismo de aventura” en entornos naturales que están en riesgo.

Afortunadamente hoy en día no llegan, porque esos riquillos en sus 4X4 no se atreven a ingresar ni en las dunas que dejan los nortes sobre el malecón de Coatzacoalcos, mucho menos lo hacen en vados y caminos de verdad, y esto mantiene libre de esa fauna a lugares que son santuarios de la cultura prehispánica, del medio ambiente de los arrecifes marinos, de las leyendas de piratas, los naufragios y de los observadores de estrellas.

Afortunadamente, el aviso de que se construirá ese camino no es más que una asacada política, como el túnel de Allende, a lo que se destina dinero y tinta, pero cuyos recursos servirán para otros fines. Es providencial que el puente de Coatzacoalcos a Pajapan no lo autorice la Semarnat, pero más afortunado es que, después de 80 kilómetros de camino fragoroso, no haya ni la menor posibilidad de que se proyecte un puente en Sontecomapan –vaya, ni se habla de ello–.

Primero, antes que construir puentes para convertir en “turística” a la rica zona de la costa de los Tuxtlas, habría que crear conciencia en el sector turismo para que sepa las diferencias entre un área de conservación ambiental y social y el lucro hotelero. Afortunadamente, no existe ese interés por el lado oficial, pero desafortunadamente, tampoco existe el interés en conocer y difundir la cultura e historia regional a fin de –sobre estas bases– desarrollar un tipo de turismo respetuoso, consciente y adecuado. Si en México éste es corto, hay países que saben de las vías verdes para deporte y conservación del medio, y podrían asesorar a las autoridades en la factibilidad de hacer esto, en vez de ser asesoradas sólo en la viabilidad económica de proyectos que resultan baladíes o demasiado sobados.