miércoles, 16 de enero de 2008

La Crisis Mexicana

Para los que valoramos este país maravilloso en que todo es posible, resulta una gran preocupación lo que está sucediendo en los días que ya no son tan recientes, pues tienen más de un año:
Gradualmente se ha incrementado la violencia en el país que, con el pretexto de combatir al narcotráfico, ha desatado la autoridad gubernamental. Hablo a título personal, y hasta donde he percibido, ni hay tantos narcotraficantes, ni hacen daño alguno por sí mismos, sino que lo perjudicial son los enfrentamientos que se han propiciado por las mismas autoridades federales. He pensado: ¿qué pasaría si se permitiera el libre comercio de drogas? Tal vez nada de notarse, los que ya consumen seguirían intoxicándose hasta fallecer; los que no consumen seguirían sin que les llamara la atención nulificar su vida por la droga; lo que sí se liberaría es el clima de inseguridad, los consumidores de marihuana, que es el principal consumo de droga en el mundo, ya no se verían obligados a ingresar en el mundo del hampa para satisfacer su gusto, pasaría, como hace 50 años, que adquirirían su yerba en algún puesto de herbolaria del mercado, junto con el té de tila, las flores de manzanilla y la uña de gato. A muchos adolescentes esta liberalidad les mataría el atractivo y ni siquiera se volverían consumidores. Queda en el aire la pregunta ¿qué se busca entonces al perseguir el narcotráfico? ¿Estimular el consumo? ¿Volverlo un negocio más rentable? No vienen a mi mente otras respuestas.

Pero esta crisis de seguridad tiene una faceta más amenazante: el campesino, el productor de maíz y frijol, está viendo peligrosamente amenazada la subsistencia de sus familias debido a una apertura irracional del comercio internacional de esos granos. Países, como los Estado Unidos, donde se subsidia fuertemente la producción, devastarán la mayor parte de los agricultores mexicanos, a los que no quedará otra solución que ir a cosechar tomates en el país vecino, siendo mal pagados debido a la persecución de migrantes, y poniendo en riesgo sus vidas; o tendrán que sumarse a la producción de enervantes, corriendo también el riesgo de ser balaceados en el proceso.
Este asunto del maíz y del frijol tiene aristas muy graves, como la manera en que están patentados los granos a favor de la empresa Monsanto, que ha creado versiones transgénicas a partir de diversos granos, muchos de origen mexicano, sin pagar, ni remotamente, las regalías que debiera; al contrario, si un productor, por un error involuntario, llegara a mesclar su grano con los transgénicos, incurrirá en un delito que, muy a modo, han dado a llamar “piratería”.
Este asunto del maíz se parece a el del Himno Nacional Mexicano, que si es tocado en el extranjero paga regalías a una empresa que lo tiene registrado como propiedad intelectual. Los mexicanos entendemos que es un símbolo patrio y que resulta ser patrimonio de la nación, pero no es así porque ha faltado dignidad al gobierno de México para defender lo que es nuestro, es decir, patrimonio de los mexicanos.

Y hablando del patrimonio de la nación surge el tema del petróleo, que cada vez más es puesto en las manos de los grandes grupos internacionales, a los que se logró recuperar hace ya 70 años. Los pretextos han sido muchos, pero siempre huelen a eso: pretextos del conservadurismo radical a favor de los grandes monopolios internacionales. Las consecuencias nocivas serán muchas y más conforme avance esa propuesta de economía política.
Ya lo vemos con la situación de las empresas mineras, que vienen expoliando la riqueza del país pagando ínfimos impuestos, reducidos salarios y que están protegidas incluso por la Suprema Corte de la Nación. Hace años era Suprema Corte de Justicia, pero su actuar en innumerables casos dentro de los dos pasados años ha significado la ausencia de justicia, que es lo que ahora hacen en contra de los mineros, a los que no respetan en su derecho a huelga para beneficiar a las grandes trasnacionales de la minería a las que se debieran expropiar las minas que explotan en la nación.

Todo esto ha metido a México en una crisis que no tarda, cada vez está más cerca de convertirse en estallido social, aunque está fuertemente mediado por los medios electrónicos de comunicación y la ignorancia del pueblo. Pero el hambre y la injusticia obligan a romper los límites que impone el terror.